jueves, mayo 29, 2008

HOY NACE UN SUEÑO


Hoy 29 de Mayo del 2008, Nace un sueño que muy pronto empezare a realizar, logrando la union de todos mis amigos y allegados a nuestro espacio de sociabilizacion social cristiana, para que juntos trabajemos por un bien comun en la sociedad Puneña.



Muy pronto dare mas detalles



Saludos



Jeamil

domingo, mayo 11, 2008

Los países nopueden desarrollarse con tanta desigualdad

Interesante Entrevista de la Republica

Fuente: Revista Dommingo http://www.larepublica.com.pe/

“Los países nopueden desarrollarse con tanta desigualdad”


Gracias al Cepal y a la agregaduría universitaria de la Embajada de Francia (que hace posible la visita de notables intelectuales europeos) nos visitó Alain Touraine, quien recibió distinciones de prestigiosas universidades peruanas. Touraine, uno de los más importantes sociólogos contemporáneos, ha dejado una huella profunda en el estudio de los procesos sociales latinoamericanos.

DOMINGO conversó con él sobre distintos temas de interés actual.

Entrevista de Alfredo Vanini


–Doctor Touraine, en sus tres discursos públicos en Lima usted resaltó los derechos humanos.
"Todos tenemos derecho a tener derechos", dijo, citando a Hanna Arendt. Justamente ahora la legitimidad de los DDHH es cuestionada en el Perú.


¿Cómo revalorarlos en un contexto de conflicto?
–El concepto de derechos humanos es casi siempre considerado como un principio moral, y evidentemente lo es. Pero visto en ese sentido es una cosa muy débil, un poco retórica. Yo lo veo de manera muy distinta. El concepto de DDHH nace antes de la sociedad industrial y luego desapareció durante el auge de este momento histórico. En parte por la multiplicación de conflictos nacionales y la ausencia de un elemento global. Pero en el siglo XX este concepto reaparece, no como moralidad abstracta sino como una idea fundamental.
En una sociedad globalizada en la cual no hay una estructura central y total, la noción de DDHH significa el derecho del individuo en su esencia concreta: individuo con su trabajo, con su vida política, con su cultura, con su idioma o lengua propia, con su religión, etc. La idea de DDHH tal como fue expresada en la revolución norteamericana y francesa en el siglo 18 es así: hay algo encima de lo social y de lo político, algo universal. Y esto universal es el derecho de todos los hombres a ser ciudadanos. En el mundo en el cual vivimos, con una capacidad inmensa de intervención del Estado, de los medios de comunicación, de la economía financiera mundial, el derecho debe ser universal.


Y en este mundo no solo global sino muy complejo, que cambia todo el tiempo, donde hay muchas formas de influencia y de dominación, donde es muy fácil ser eliminado, es indispensable tener una referencia por encima, pero que sea universal. Para mí el individualismo no tiene sentido si no significa universalismo de los derechos de cualquier ser humano frente a cualquier tipo de dominación cultural, política o económica.


–Ud. ha hablado del "teatro vacío del mundo", un mundo de silencios y de víctimas. ¿Cómo podría el actor social tener una intervención real en este escenario tan desolador que nos plantea?

–Usted hace bien en introducir este problema, porque es una pregunta que me hago todo el tiempo. Y no tengo respuesta. Durante un largo período de mi vida hablé mucho del actor social (y todavía hay que hacerlo) pero ahora hablo cada vez más de sujeto personal.

Es decir, no es el actor social el que puede subir al teatro sino el sujeto en el sentido de un ser casi trágico shakesperano, con la finalidad de crear "ruido y furor", para citar a Shakespeare. Hay la necesidad de reintroducir lo que Malraux llamó la "dimensión espiritual". Es curioso que un sociólogo diga esto pero hay que salir de una visión social o sociológica del mundo, dejar de pensar a la sociedad como el principio de las normas o de los valores.

Yo tengo un gran miedo a la identificación de los individuos a un concepto social: el hombre socialista, el hombre comunista, el hombre capitalista, el hombre liberal. Todos me dan igual miedo. La gran pelea de toda mi vida ha sido contra el determinismo económico de los liberales y de los marxistas, que en eso son muy hermanos. Y todo el tiempo he insistido sobre la necesidad de introducir un elemento que esté por encima de las consideraciones estrictamente sociales. Por ejemplo el tema de los DDHH. En el momento actual hay que ser antisocial y responder en términos absolutos: "Esto es imposible", "Esto es intolerable", "Esto es contrario a la dignidad humana". Hay que decir ¡No! porque este ¡No! significa reintroducir palabras que aparentemente son muy débiles pero que no lo son en realidad: dignidad, reconocimiento, humanidad, derechos humanos. Después de todo, hemos vivido un siglo de campos de concentración, de masacres, de genocidios, etc.
–Un concepto que ha sido utilizado como una panacea para eludir la participación en los grandes problemas del mundo es el falso mito de la posmodernidad.

–La posmodernidad indica que no hay más principio de unidad en una sociedad. Es una visión antihistoricista, una visión kitsch, en la que se pueden mezclar cosas sin relación y en varios sentidos. Yo creo que esto no es cierto. Creo al contrario que hay más bien una situación de hiper-modernidad. Y hay que buscar algo más fundamental, algo más central y no una ausencia de unidad. De otro lado estoy observando que muchos que hablaron de posmodernidad están abandonando la palabra. Hay que rechazar la idea falsa de que no hay modernidad.

–Usted ya no habla ahora de derechos sociales, sino de derechos culturales. ¿Cómo define usted los derechos culturales?

–Antes quiero decir algo: fue un error dramático pensar, como pensaron muchos, que los derechos sociales tenían que eliminar derechos políticos, pretextando que los derechos políticos eran de la burguesía. Esa manera de pensar llevó directamente a los peores totalitarismos. Tenemos que luchar por el reconocimiento respecto de los derechos culturales pero sin entrar en la idea del comunitarismo, que es un verdadero peligro. Tomemos un ejemplo trágicamente concreto: es normal reconocer el derecho de las iglesias –o de los cultos o de las sectas– de existir y de desarrollarse en el espacio público, pero con la condición que sea respetado algo que es mucho más importante que la libertad de las iglesias, que es la libertad religiosa de los individuos.
Acepto que se pongan mezquitas por todas partes, pero no acepto que una persona no pueda cambiar de religión, que no pueda casarse. La libertad religiosa no es la libertad de las iglesias sino la libertad de los individuos en su comportamiento religioso o no religioso.

AMÉRICA LATINA: LA REGIÓN MENOS TRANSPARENTE

Cambio de piel. Alan García ha dejado de ser aprista, según Alain Touraine. El académico francés fue su profesor de sociología durante la estadía del ‘joven García’ en Francia.

–Usted no solo ha estudiado, sino que ha vivido y está muy cercano a los procesos políticos de nuestra región. ¿Cómo observa América Latina?

–Se ha hablado del movimiento hacia la izquierda en el continente. Es una idea falsa. No hay tal izquierdismo, no hay tal evolución. Lo que sucede es lo siguiente: antes teníamos en muchos países latinoamericanos una situación de confrontación. Había un bloque imperialista y había que oponerse absolutamente.

Eso ha desaparecido en gran parte a causa del fin de la guerra fría y la desaparición del imperio soviético. En la actualidad lo que pasa es que casi todos los países, incluso Venezuela que vende su petróleo a los EEUU, se encuentran dentro del sistema, y han pasado de la confrontación a una participación limitada y tal vez, en muchos casos, decreciente. Visto desde dentro, los grandes problemas latinoamericanos, entre ellos el tema de la desigualdad socioeconómica extrema, que es el problema latinoamericano por excelencia, no han desaparecido y hay la necesidad de buscar soluciones aceptables al problema de las desigualdades.

De otro lado, creo que este vocabulario de tipo un poco parlamentarista de derecha-izquierda ya no corresponde –me atrevería a decir que no ha correspondido nunca– a la situación latinoamericana, donde las categorías políticas y las categorías sociales estuvieron siempre mezcladas.

Actualmente la tendencia predominante es a integrarse y participar en el sistema mundial tratando de eliminar o limitar las desigualdades pero con un éxito desgraciadamente bastante limitado. Yo diría que hay una indeterminación grande en la región. No estamos ya frente al sistema sino dentro de él. Y tenemos que hacer los mayores esfuerzos posibles para disminuir poco a poco el peso de la desigualdad que es un obstáculo absoluto al desarrollo. Los países de América Latina no pueden desarrollarse teniendo tan alto nivel de desigualdad.

–¿Y qué opinión le merece el rumbo del gobierno peruano? Un partido percibido como socialdemócrata, el APRA, que asume cada vez más una postura ultraconservadora y no intervencionista.

–Sí, es un poco preocupante. En primer lugar, yo ya no consideraría a García como aprista. En segundo lugar, y hablando quizá un poco exageradamente, yo tengo la impresión de que este gobierno peruano tiene diez años de atraso porque esta idea de la liberalización y la privatización total, que en un momento fue tan importante en muchos países, ahora ya está abandonada. Ahora la intervención del Estado parece necesaria por ejemplo en educación y salud. Yo no veo cómo la privatización de la enseñanza pueda llegar a otra cosa que no sea el aumento de la desigualdad. Puedo hablar del caso de Francia, que no es precisamente un país anticapitalista ni antiliberal, pero que dedica más del 50% del ingreso nacional al sector público. Y si esto significa que Francia es un país intervencionista porque interviene en servicios de educación y salud para disminuir las desigualdades sociales, pues bienvenido el intervencionismo.

Esta mañana escuché a Alan García en la televisión hablando de un tema muy concreto: se decía que en el altiplano no hay progreso posible porque las poblaciones son muy dispersas y hay grupos de menos de 200 habitantes. Entonces el presidente dice "hay que terminar con eso, la solución es crear allí ciudades de 10 mil y 20 mil habitantes". Yo me quedé perplejo al oírlo. Se da cuenta usted de que no es posible pasar de un sistema de agricultura pobre de autosustento a una ciudad de 20 mil habitantes. Al mismo tiempo, crear ciudades en el territorio del altiplano, en esas condiciones, significa la destrucción total del sistema social-cultural. Hay una preocupante falta de realismo en este gobierno, preocupado en mantener más una posición ideológica. Creo que en la actualidad el Perú es el único país del continente que tiene este vocabulario liberal que está ya abandonado por todos los países, incluso por los EEUU.

–¿Cuba sin Fidel seguirá el camino chino de apertura económica sin libertades y sin respeto a los derechos humanos?
–Hay gente que piensa así. Yo no entiendo muy bien lo que eso significa. Una vez que Fidel haya desaparecido, o que su hermano, que es una copia de él, desaparezca también, creo que no se va a tener control de la situación. Creo que si aceptan la entrada de los capitales, o la dolarización de la economía, que se hace ya en gran parte de Cuba, creo que el sistema cubano de control político va a desaparecer, o por lo menos espero que desaparezca. Yo creo que los amos de Cuba en el mañana van a ser las agencias de viajes baratas.

–En el año 2000, usted se preguntaba al inicio de un ensayo "¿Está el mundo en peligro de muerte?". ¿Se sigue haciendo la misma pregunta o tiene ya una respuesta?

–A comienzos del milenio el mundo estaba en peligro de desaparecer. En el 2008, los habitantes del mundo se dan cuenta de que el mundo sigue estando en la misma situación. Esa es la diferencia. Ahora estamos todos convencidos de que podemos desaparecer, suicidarnos colectivamente si seguimos con un tipo de economía y de comportamiento que es imposible mantener. Por ejemplo los chinos: obviamente tienen derecho a desarrollarse, a transformarse, pero si todo el mundo tiene un consumo de carbón como los chinos, el mundo va a colapsar.
El tema ecológico es un tema fundamental y la economía debe tomar en cuenta este tema. Desgraciadamente los EEUU y China hacen exactamente todo lo contrario. Si seguimos con estas políticas, el mundo efectivamente va a desaparecer.

La fábula del otorongo bueno


Me parecio Interesante esta nota del Comercio


CRÓNICA. UNA DEFENSA DEL ANIMAL

La fábula del otorongo bueno

El otorongo real en muy poco se parece al otorongo del Congreso. Esta crónica encierra una visita al zoológico y al mismo tiempo rastrea un dicho popular muy usado en política."


Por Renato Cisneros

En medio de unos maullidos inaudibles, el otorongo negro bebe nos recibe retozando torpemente sobre una frazada. Tiene un par de canicas azules en lugar de ojos, y unos colmillos que por ahora son inofensivos pero que algún día serán temibles. Hace unos días le dieron un ratón de juguete para que se entretuviera mordiéndolo; el roedor mecánico ahora yace descuartizado al interior de una pequeña jaula.
El otorongo nació el 20 de marzo en el zoológico de Huachipa, y desde entonces se ha convertido en la máxima atracción del parque, provocando la envidia de Belén, la única jirafa, y despertando los celos chillones de las decenas de chimpancés.
Este felino en miniatura mide treinta centímetros, pesa cuatro kilos, y aún no tiene nombre (aunque ya se ha abierto un concurso para procurarle uno).

Todos los días, en dos tandas, sale tímidamente a exhibirse delante de los visitantes, que lo esperan curiosos para mimarlo a través de un vidrio reforzado.

El pobre cachorro tendrá que repetir esa ceremonia durante los próximos seis meses, hasta que esté listo para sumarse al grupo de los ocho otorongos adultos. Seis de ellos son amarillos y otros dos negros, y aunque están reunidos en los mismos ambientes suelen mantenerse dispersos.

ALTA ZOCIEDAD
¿Pero qué motivación lleva a un periodista de política a visitar otorongos en un zoológico? Pues el deseo de derribar un mito.

Desde hace algunos años la palabra otorongo se ha incorporado al lenguaje periodístico, sirviendo de pretexto para ilustrar el comportamiento poco ético de algunos funcionarios públicos, principalmente, congresistas de la República y magistrados.

Sin embargo, el último miércoles, luego de compartir unas horas con estos felinos silvestres oriundos de la selva alta, uno llega a comprobar que la analogía no es del todo justa, y que los grandes perdedores en la metáfora son, por su puesto, los otorongos; los originales, claro.

Esa mañana recorrimos las instalaciones del parque junto con Catalina Hermoza, veterinaria, profesora y desde hace siete años joven directora de la unidad de veterinaria de este recinto.

Ella define a los otorongos como felinos de mucha fortaleza e independencia, rasgos que no precisamente comparten los ilustres exponentes del 'otoronguismo' político, a menudo sujetos que comprometen su independencia sin el menor empacho.

"Son animales solitarios, territoriales, no hacen grupo social, y solo se juntan para la reproducción", dice Catalina, dándonos pie para apuntar otra diferencia abismal, pues los 'otorongos' políticos sí que forman redes y manadas, y se las ingenian para cubrirse mutuamente las espaldas.

Le pregunto a Catalina si es cierto que estos felinos --tal como asegura el dicho-- no practican el canibalismo, al igual que sus 'pares' en el Parlamento.

"No es que se protejan, sino que evitan enfrentarse o agredirse, aunque en la madurez sexual un padre y un hijo pueden pelear por la misma hembra". (Habrá que estar atentos a los eventuales triángulos amorosos que pudieran formarse en la trastienda del escenario legislativo).

Pero ojo que no todas son disparidades. Hay hasta tres actitudes que las dos especies de otorongos --los silvestres y los políticos-- comparten plenamente.

Primero, ambos tienen la lengua áspera (unos en el plano biológico, otros en el sentido figurado). Segundo, cuando la prensa aparece para buscarlos ellos inmediatamente se escabullen. Y tercero, si el público les reclama atención, ellos se hacen los indiferentes y se tumban boca arriba, como si no se dieran cuenta.

Antes de despedirse, Catalina nos da su opinión sobre el supuesto parentesco y afinidad entre estos felinos y los políticos. "Es una comparación fallida. Los políticos no son instintivos, sino que algunos buscan su interés personal por el puro gusto de trepar sobre otros. Los animales, en cambio, cazan porque quieren vivir. Yo no los relacionaría".

QUIÉN LO DIJO PRIMERO
Hay distintas versiones respecto de la fecha o la época en que se rescató del refranero popular el dicho ese de "otorongo no come otorongo" para su uso político.

Según la periodista Paola Ugaz, fue el ex congresista del FIM Alcides Chamorro el primero que utilizó la frase para aplicarla a los parlamentarios. Ocurrió a fines del 2002, durante un reportaje emitido en el desaparecido programa "Entre Líneas" de Canal N.

"Recuerdo que lo entrevisté como presidente de la comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso y ahí, en medio de la conversación, soltó la frase", recuerda Ugaz.

Quisimos ubicar a Chamorro en Huancayo, pero fue imposible. Nuestro corresponsal en esa ciudad afirmó que el ex parlamentario ha cambiado todos sus números telefónicos.

Según los archivos de El Comercio, el antecedente sería otro. En julio del 2000, cuando el régimen fujimorista aún sobrevivía, a Henry Pease le preguntaron qué opinaba sobre la designación de Carmen Higaona al frente de la Contraloría General de la República. Él contestó: "Otorongo no come otorongo. Nadie se fiscaliza a sí mismo", advirtiendo el clarísimo entendimiento que había entre el gobierno de turno y la flamante funcionaria.

Pero hay una tercera versión. De acuerdo con José Cava Arangoitia, memorioso periodista de esta casa, la primera mención política del otorongo se habría hecho en la década de los 40.

El padre del ex presidente Belaunde, Rafael Belaunde Diez Canseco, siendo ministro del presidente José Luis Bustamante y Rivero le sugirió convocar al Apra para que se incorporara al Gabinete. La idea --dice Cava-- era abrir una puerta de entendimiento con la oposición intransigente que promovía Haya de la Torre, y que se traducía en una cadena incesante de huelgas y censuras a los ministros. El jefe del Estado le preguntó al ministro si creía que el Apra aceptaría ser parte del Ejecutivo y cesar sus ataques. Belaunde le respondió: "sí, presidente, porque otorongo no come otorongo".

UNA HISTORIA MODERNA
Las expresiones más recientes del 'otoronguismo' se empezaron a computar, básicamente, en el 2004. Ese año Francisco Távara, como jefe de la Oficina de Control de la Magistratura, reconocía la mala imagen que había de los magistrados. "De ahí el famoso dicho que nos endilgan: 'otorongo no come otorongo'".

También el 2004, en el Congreso, dos legisladores, Jorge Mufarech y Alfredo González, fueron identificados como hijos predilectos del 'Gran Otorongo' luego de enfrentar más de una denuncia periodística.
Tanto se relacionó al Congreso con los otorongos que en diciembre de aquel año una reportera de un programa televisivo le alcanzó un singular presente navideño al entonces presidente del Legislativo, Ántero Flores-Aráoz. ¿Cuál era? Nada menos que un muñeco de otorongo.

Con el paso de los meses los periodistas comenzaron a hablar del "síndrome de los otorongos", aplicándolo incluso en áreas ajenas a la política, como los espectáculos y los deportes, donde diversos personajes polémicos se blindaban permanentemente.

Una vez que los otorongos primigenios fueron multiplicándose cual 'gremlins', hubo que tomar el fenómeno con humor para no hacer bilis. El diario Perú 21 asumió con entusiasmo la incómoda tarea de caricaturizar a la fauna política, y un mes antes de la primera vuelta de las elecciones del 2006 parió el celebrado suplemento "El otorongo".
"Todo empezó con los roches de Jorge Mufarech, Enith Chuquival y compañía. Todos ellos tenían fama de mafiosos y se convirtieron en el centro de discusión de la comisión de Acusaciones Constitucionales y de la comisión de Fiscalización", reseña Pedro Tenorio, periodista del mencionado diario y uno de los ideólogos del divertido espacio.
Tratando de mirarse en el espejo del recordado "Monos y monadas", "El otorongo" lleva casi dos años parodiando sin misericordia a diversos especímenes del medio. Al inicio solo dirigía su ácida mira hacia los políticos, luego amplió su campo visual.

"El otoronguismo se expande a lo que ocurre, por ejemplo, en la selección, donde Chemo del Solar, que es un ex jugador, no castiga a los jugadores y los protege", recalca Tenorio.

FINAL CON MORALEJA
Los visitantes del zoológico de Huachipa no avalan la comparación entre los otorongos reales y sus émulos políticos.

"No ofendas a los animales, por favor, no tienen nada que ver", me reprendió Sandra, una bonita mamá que se detuvo con sus dos hijas delante de los otorongos negros.

Juan Sánchez, otro visitante, se detuvo, se quitó los audífonos, oyó mi pregunta y contestó sin rubor: "No se parecen. Estos son tranquilos, los otros son peligrosos y más animales".

Por último, Carlos Jiménez también criticó que se les diga 'otorongo' a los políticos. "Al otorongo yo lo veo tranquilo, si fuera travieso lo compararía con un congresista", aseguró.

Si me piden mi opinión, no veo que los otorongos reales se parezcan en nada a los políticos. Más allá del canibalismo que no practican, no tienen otros puntos en común.

A los primeros provoca visitarlos, contemplar su mansedumbre, su pelo moteado, y darles de comer. A los segundos, francamente, no da muchas ganas de mirarlos ni de oírlos, y menos de darles de comer con nuestra plata.

LA FICHA
Nombre: Parque Zoológico de HuachipaDirección: Av. Las Torres s/n, Ate-VitarteAtención: De lunes a domingo de 9 a.m. a 5 p.m.Otorongo: Del quechua 'uturunku', designa en Sudamérica a un felino también conocido como tigre, tigrillo o jaguar (Leopardus onza, Felis onza, etcétera), de manchas polícromas, cabeza ancha y patas fuertes.

ASÍ LO DIJO
"El otorongo, aunque potencialmente antropófago, no es caníbal. Esta cualidad se destaca en el dicho 'otorongo no come otorongo', que significa 'congresista no sanciona a congresista' y se ha difundido en nuestro lenguaje político, que sí suele ser antropofágico". Martha Hildedrant. Congresista y Lingüista

CANDELARIA 2010